sinopsis
Montaigne es el hijo por excelencia del Renacimiento. Los «Ensayos» es una de esas obras que puede figurar sin reparo en la biblioteca esencial de la humanidad y nos reconcilia con ella. Montaigne —aquel «bordelés escéptico», como lo llamó Carpentier— habla con la misma libertad y sensatez del conocimiento, de la razón o de la tortura, que de las dimensiones (discretas) de su pene. No mitifica nada, todo lo mira con un saludable escepticismo y cierta melancólica distancia, pues, dice él, «solo los locos están seguros y resolutos»; un oportuno distanciamiento que le impedía caer en fáciles idolatrías. Incluso de las letras escribe: «Téngolas en gran estima, mas no las adoro». Incluso de la razón —«cántaro de doble asa, que se puede agarrar por la derecha y por la izquierda»—, sabe añadir que «proporciona fundamento para distintas acciones» (II,12).