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restauración

ficha técnica

POESIA CASTELLANA
NO PASA NADA SI A MÍ NO ME PASA NADA
NO PASA NADA SI A MÍ NO ME PASA NADA
2009
128
RÚSTICA
978-84-936877-3-1
CASTELLANO
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sinopsis

625

Fernando R. de la Flor

Pedidle al pensamiento,

que todo lo alivia y lo consuela todo,

remedio y solaz de la aflicción que trajo

Samuel Becket ttraduciendo un aforismo de Nicolás Hamfort En la estela de los viejos maestros del discurrir concentrado y conceptista hispano, de los que de alguna forma es heredero, Luis Felipe Comendador ha acuñado ahora el «oro de su fino discurrir» en 625 soberbios apotegmas, que tratan de penetrar la clave de la época que nos envuelve, cuanto también sintetizar y dar expresión al repertorio de posiciones y expectativas que cabe adoptar provisoriamente ante ella.

El hecho de que el signo de los tiempos no aparezca definido todavía, y que, al contrario, día a día, el sistema sereno de las viejas seguridades se deshaga en un medio ambiente progresivamente desmaterializado y carente de referencias, no ha operado sus efectos disuasorios hacia las tomas de posición fijas que el texto consigue situar, como si de balizas preparadas para un aterrizaje nocturno se tratara. Prohibiéndose concesiones ternuristas, el autor reaparece de nuevo en la escena de la prosa de no-ficción para dar un golpe de realidad en el momento en que se acentúa el desatado fluir de las fantasías, y un cierto aire de espectralidad se posesiona de todo. Aquí es la vida misma la que se pretende poner «al tablero».

Territorio, sujeto, acción. Las cosas palpables estimulan la pro-ducción de estos aforismos que se atan a nociones de verdad y que tratan de dotar de permanencia al momento frágil: «no te vayas, podría decir LFC, momento hermoso» (del pensamiento); «Quédate día feliz» (hasta que pueda extraer de ti un pensamiento). Y lo dice sabiendo que, entretanto, lo que se ha hecho extremadamente frágil y pasajera en sí misma es la sensación de realidad, envueltos como estamos en una red especular, y espectacular también.
Frente a las fuerzas sumamente desestabilizadoras que gobiernan el momento posmoderno, con el cual no parece comulgar, LFC ha elegido lo epigramático que precisamente tiene la voluntad de permanecer en forma de lápida; en forma de inscripción por un tiempo indeleble. Suponemos que sabe que la estrategia de la modernidad (él, que vive en Béjar, ciudad neo/trans industrializada) es precisamente la de la desterritorialización (en su versión económica: desubicación, deslocalización); pérdida, pues, del referente -de toda referencia-, adiós a lo real-real para favorecer el proceso de hacer abstractos, homogéneos e intercambiables los cuerpos, los objetos, las relaciones, y que puedan entrar así en un mercado definitivamente globalizado, contra el que este pensador de (o mejor: desde) lo pequeño-provinciano-íntimo se rebela.

Frente, pues, a ello, estos textos se alzan como pruebas de existencia (hinc fuit: aquí estuve; esto me fue dado en la forma de un pensamiento), y late en los mismos un principio unamuniano de auto constatación de un «yo» en trance siempre de hemorragia y de pérdida, pero que aquí se defiende de sus heridas por el procedimiento de confesar sus perplejidades.

En medio de la proliferación de sujetos inventados y de mundos virtuales, la persona a la que conocemos como LFC no quiere suscribir el aserto que conduce el camino de los embozados: «avanzo oculto». Y, al contrario, valientemente descubre las guías que conducen su acción de mundo mientras exhibe los secretos de la producción de su presencia; o, más exactamente, procede a revelarse como quien es, o como quien cree ser, pues a LFC no se le escapan tampoco las dificultades que todo sujeto posmoderno tiene hoy para poder llegar a afirmar: «yo soy el que soy». Y es que, en efecto, en el aire de la época flotan muchas más incertidumbres que certezas. De aquellas, precisamente, este libro recoge una buena muestra. Si no existiera Maimónides y el copyright esto podría haberse titulado: Guía de perplejos.

En todo caso, esta obra viene después de otra que podemos considerar preparatoria, inaugural de tal género en el autor -Aráñame-, y respecto a ella y a otras resulta al cabo ser obra que es mayor, y ello dentro de una ya abultada bibliografía de quien primero se ha propuesto (y se ha negado, también, poniéndose y quitándose la importancia de encima) como un poeta, para terminar acreditándose ahora como un hombre, más allá de sentimientos, de pensamiento (y éste no precisamente débil); un hombre de esprit, e, incluso, de esprit-fort. Pues en efecto, tal género ostenta la virtud de que define con precisión el campo de inscripción en el que el sujeto está alojado, y evalúa también las condiciones en que debe (o no) ejercitarse una acción, proponiéndose como marco de una conducta vital. Ello compromete el territorio delicado de una moral, pues verdaderamente amamos el aforismo, el apotegma, la greguería, y ello fundamentalmente porque apunta directamente al corazón o sistema de las tomas de posición de mundo, y además nos recuerdan que urge ese posicionamiento, que es inaplazable el construirlo y no puede pasar un momento más sin determinarse, sin ejercer una decisión, sin instrumentar una lección de vida que nos saque de la indeterminación y del ir de aquí para allá como si fuéramos hojas (cuando somos hombres, y según Shakespeare «hemos nacido para hollar con nuestros propios pies las cabezas altivas de príncipes y dominaciones»). Ello nos sitúa ante una responsabilidad concreta: la de dar cuenta y razón, para que en el silencio no se pueda oír la confesión vergonzante que se lee en un poema de Leopoldo María Panero en forma de dictum definitorio del hombre bajo las condiciones de sombra que le impone el capitalismo espectacular o tardío:

Bufón soy y mimo al hombre.

Al contrario, aquí se contiene y se declina buena parte de la pragmática toda del comportamiento, que bajo la metáfora de la esgrima requiere de un duelista verbal, como lo fue aquél otro llamado Rivarol, pues llega el tiempo de las decisiones y hay que saber, sobre todo, contra quién o a favor de qué definitivamente se está. Ello sitúa esta textualidad infrecuente que en adelante despliega sus efectos al lugar donde le lleva la fuerza de un género en conexión siempre con el universo de una moral y de una filosofía de la acción (y esto lo decimos ahora que la Filosofía, con mayúsculas, está definitivamente cansada). Recuperar la acción y orientar el pensamiento hacia ello, quizá sea la propuesta más revolucionaria que podamos encontrar en este corpus textual de título un poco paradójico, cuando no quizá abiertamente irónico consigo mismo (puesto que declara una cosa infrecuente: que su autor es tan egoísta que sólo se preocupa de los otros).

En efecto, el llamado a la acción, cuyo primer indefectible paso es la escritura pragmatista del aforismo convertido en lema -en eslogan, tal vez, en consigna también en ocasiones-, da respuesta a lo que hasta el día de hoy más ha marcado con su signo negativo el proceso de la modernización (que es, también, el proceso


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